Al sentirse atraído hacia la música vallenata de nuestro país, empezó a buscar contenido por internet que le permitiera conocer más de nuestro folclor. Estando en su habitación en Nápoles, vio por internet el documental El acordeón del diablo que narra la vida de Pacho Rada y Los viajes del viento de Ciro Guerra. “Me impactó ver en esa película el dueto de Amor, amor, me gustó el ambiente, ver esa piquería, para mí era como conocer una época que de pronto conocía mi abuelo pero que era perdida para mi generación. Entonces me pareció que Colombia tenía todavía mucho folclorismo, algo que en Francia de pronto yo no lo podía ver así de esa forma”.
Regresó a Francia y le dijo a su esposa que quería ir a Colombia. Fue así como surgió la idea de venir a nuestro país siendo profesor de idiomas y empezó a cursar una maestría para ser profesor de francés como lengua extranjera. Meses después quiso mirar qué opciones había de intercambio y su anhelo de venir a estas tierras se hizo realidad pues el único convenio que tenía la Universidad Pública de Nantes era con la Universidad Pedagógica de Bogotá. Así aterrizó el francés vallenato en Colombia.
Tras las notas del acordeón
Al llegar a Bogotá, Yoann y Andrea se instalaron en una habitación del centro de la ciudad. Todos los días Montebrun se iba en Transmilenio hasta la Universidad Pedagógica y, a la altura de la 57 con Caracas siempre veía por la ventana los acordeones que exhibían en los locales de compraventa.
“Un día vi un acordeón rojo y me pareció bonito. Al día siguiente fui a mirar cuánto costaba y estaba como en 700 u 800 mil pesos. Lo ensayé y para mí, a mi parecer, como apenas estaba empezando a tocar, era medio bueno, era como un acordeón de los viejos, de los 80-90, era básico pero me sirvió para sacar un pedazo de la melodía de Alicia”.
La falta de un profesor que lo instruyera aún más en el instrumento, hizo que Yoann se olvidara un poco de él. Sin embargo, como los fines de semana iba a las parrandas vallenatas de Tierra Adentro esto lo llevó a querer retomar su acordeón. Estando en el centro escuchó las notas de este instrumento provenientes de un negocio. Se acercó y descubrió que quien lo tocaba era un profesor de la academia Tierra de Cantores.
“Este profe vio mi acordeón y me dijo que tenía que cambiarlo. Me decepcioné un poquito porque siempre vale dinero pero de todas formas quería un acordeón bueno para seguir tocando. Entonces me fui a buscar por todas las compraventas del centro y entré a un lugar en la 23 con novena. Miré todo el almacén y pregunté ‘¿no tienen acordeones?’ y me dijeron ‘sí, mira arriba, encima de tu cabeza’ y vi este acordeón con el fuelle bonito de Colombia y empecé a tocarlo y ajá, sí, este bajo suena mejor”.
Tras lograr esta parte, dejó las clases y continuó practicando con videos por internet. Fue así como llegó al técnico de acordeones Juan Carlos Arango, más conocido como El Alemán quien, tras revisar el acordeón de Yoann y darle el visto bueno, le recomendó la academia Bogotá Vallenata de Iván Rincón.
“Después aprendí a tocar una canción que se llama Relicario de besos de Rafael Orozco que es muy bonita, me permitió soltar más las manos y ya cogí más seguridad. Como estaba afiebrado con el acordeón compré otro porque me llegó un poquito de dinero y lo mandé a arreglar donde Juan Carlos y ahí me hice conocer un poquito de la gente”.
Se refiere al video que subió El Alemán a su canal de Youtube donde se ve a Montebrun tocando el instrumento y explicando cuáles fueron las modificaciones y mejoras que le hicieron a su acordeón. La comunidad vallenata que sigue al técnico se sorprendió al ver a un francés interesado por nuestro folclor y le escribieron haciéndole llegar varios mensajes de diferentes partes de Latinoamérica.
Un compañero tolimense
Yoann está ya acostumbrado a salir siempre con su acordeón y a interpretarlo por ahí en cualquier parte de la ciudad. Un día, estaba tocando cerca de la Zona T y por la ventana se asomó a escucharlo Uber. El hombre de tez morena, oriundo de Barranquilla le hizo un gesto, indicándole que lo esperara y salió a su encuentro. Ahí surgió otro vínculo vallenato.
Uber lleva 20 años trabajando como vigilante en los almacenes de Le Collezioni, pero además de eso, tiene un talento oculto, o al menos por el que no se ha dado a reconocer: es cantante y compositor de música vallenata. El día en que se conoció con Yoann, armonizó con su voz las notas del acordeón de fuelle tricolor y sellaron, por medio de la música, un nuevo lazo de amistad.
La situación económica para Montebrun, desde que llegó a Colombia, ha mejorado. Al principio cursaba las clases de su maestría en la Pedagógica y de igual forma dictaba clases en 2 o 3 instituciones educativas . “Trabajaba en la universidad CUN, en la EAN y en la Nacional entonces no tenía mucho tiempo para practicar en esa época, pero ahora, gracias a Dios estoy sólo en la EAN porque quiero dedicarle más tiempo a mi esposa, a mi instrumento, al hogar, a mí mismo. Creo que la música es un proyecto muy lindo y mi trabajo por el momento me permite con una sola universidad y realizando traducciones vivir esta pasión que tengo por el vallenato”.
| Andrea, pianista del grupo, junto a Yoann, su esposo e Isaac. |
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| Uber, cantante de grupo y Yoann |

