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miércoles, 3 de junio de 2026

El francés vallenato

Desde la ciudad de Nantes, Francia, a Bogotá llegó hace 2 años un profesor de idiomas al que la pasión por el acordeón y el folclor vallenato había picado hace rato.

Son casi las 8 de la noche del 29 de febrero de 2016. Había parqueado mi bicicleta en el centro comercial Andino y me dirigía hacia un bar de la zona T. Sin embargo, desvié mi camino al escuchar el sonido de un acordeón y las notas de una canción reconocida: Matilde Lina. Al acercarme a la persona que interpretaba el instrumento, para mi sorpresa descubrí que por su apariencia se trataba de un muchacho extranjero: ojos claros, cabello rubio y una fisionomía que evidenciaba no ser criolla.

Yoann Montebrun en ese momento estaba tocando su acordeón a las afueras del almacén Le Collezioni, detrás de Andino, porque allí trabaja Uber, el cantante del grupo que tiene pensado formar y quería aprovechar un momento de descanso para ensayar con él.

Colombia en Francia: música y amor

Yoann es un francés de 28 años de edad. Proviene de una familia humilde y al mismo tiempo alegre por lo que, cuenta, siempre le enseñaron a luchar en la vida. Estudió lenguas modernas en la Universidad Pública de Nantes y de forma paralela trabajaba en una asociación que ayuda a los estudiantes a conseguir alimentos a un precio económico

El vínculo con Colombia se dio de dos maneras. Tocaba la guitarra y poco a poco se fue interesando por nuestra música. “Yo escuchaba a Alberto Barros, al Grupo Niche y un día conocí a mi amigo de Santa Marta, que me llevó a una fiesta y escuché Pa’ Mayte, esa canción de Carlos Vives y me fijé en este acordeón tan potente, con una nueva sonoridad que me gustó muchísimo”.

Pero además de la música, el amor llegó a su vida proveniente de nuestro país. Andrea, estudiaba Español con énfasis en lenguas extranjeras en la Universidad Pedagógica de Bogotá. Viajó a Nantes porque había un acuerdo institucional que le llamó la atención y conoció a Montebrun, su esposo, en la asociación de alimentos. “Él era el que te pedía el carnet de estudiante y te decía cómo tenías que hacer para conseguir la comida; por un euro, que era un valor simbólico te daban lo básico para por lo menos tres días”.

Según Andrea, Nantes es una ciudad pequeña. “Es como una red y al final se conocen todos con todos”. Ella y Yoann volvieron a coincidir en el cumpleaños de un amigo y, a pesar de la barrera del idioma, se entendieron bailando sin necesidad de palabras. Un día él la visitó a ella en su casa, el plan era ver películas, que él había llevado. “Era muy chistoso porque veíamos películas en italiano y hablábamos en inglés. Yoann no hablaba español, yo hablaba un poco de francés pero el idioma de comunicación al principio era el inglés”. Ese día, sin embargo, hubo algo más que llamó la atención de Yoann: Andrea tocaba el violín y como él tocaba la guitarra, empezaron a improvisar juntos, la música terminó de unirlos.

El folclor y las historias

Fue en Italia donde se afianzó el gusto musical de Montebrun. “Me fui a vivir un año en Nápoles, Andrea me iba a visitar, y allá también descubrí la música de acordeón como la tarantela, la pizzica que es violín, acordeón y tambor entonces así se fue formando mi gusto musical por la música folclórica y raizal de cada país”.

Y es que esa sed de conocimiento por el folclor se la transmitió su abuelo. “Él me contaba historias y vivencias, decía que también en Francia había música de acordeón antes de la Segunda Guerra Mundial y que luego por la influencia de la música de Estados Unidos, el folclor francés se acabó poco a poco”.

Al sentirse atraído hacia la música vallenata de nuestro país, empezó a buscar contenido por internet que le permitiera conocer más de nuestro folclor. Estando en su habitación en Nápoles, vio por internet el documental El acordeón del diablo que narra la vida de Pacho Rada y Los viajes del viento de Ciro Guerra. “Me impactó ver en esa película el dueto de Amor, amor, me gustó el ambiente, ver esa piquería, para mí era como conocer una época que de pronto conocía mi abuelo pero que era perdida para mi generación. Entonces me pareció que Colombia tenía todavía mucho folclorismo, algo que en Francia de pronto yo no lo podía ver así de esa forma”.

Regresó a Francia y le dijo a su esposa que quería ir a Colombia. Fue así como surgió la idea de venir a nuestro país siendo profesor de idiomas y empezó a cursar una maestría para ser profesor de francés como lengua extranjera. Meses después quiso mirar qué opciones había de intercambio y su anhelo de venir a estas tierras se hizo realidad pues el único convenio que tenía la Universidad Pública de Nantes era con la Universidad Pedagógica de Bogotá. Así aterrizó el francés vallenato en Colombia.

Tras las notas del acordeón

Al llegar a Bogotá, Yoann y Andrea se instalaron en una habitación del centro de la ciudad. Todos los días Montebrun se iba en Transmilenio hasta la Universidad Pedagógica y, a la altura de la 57 con Caracas siempre veía por la ventana los acordeones que exhibían en los locales de compraventa.

“Un día vi un acordeón rojo y me pareció bonito. Al día siguiente fui a mirar cuánto costaba y estaba como en 700 u 800 mil pesos. Lo ensayé y para mí, a mi parecer, como apenas estaba empezando a tocar, era medio bueno, era como un acordeón de los viejos, de los 80-90, era básico pero me sirvió para sacar un pedazo de la melodía de Alicia”.

La falta de un profesor que lo instruyera aún más en el instrumento, hizo que Yoann se olvidara un poco de él. Sin embargo, como los fines de semana iba a las parrandas vallenatas de Tierra Adentro esto lo llevó a querer retomar su acordeón. Estando en el centro escuchó las notas de este instrumento provenientes de un negocio. Se acercó y descubrió que quien lo tocaba era un profesor de la academia Tierra de Cantores.

“Este profe vio mi acordeón y me dijo que tenía que cambiarlo. Me decepcioné un poquito porque siempre vale dinero pero de todas formas quería un acordeón bueno para seguir tocando. Entonces me fui a buscar por todas las compraventas del centro y entré a un lugar en la 23 con novena. Miré todo el almacén y pregunté ‘¿no tienen acordeones?’ y me dijeron ‘sí, mira arriba, encima de tu cabeza’ y vi este acordeón con el fuelle bonito de Colombia y empecé a tocarlo y ajá, sí, este bajo suena mejor”.



Gracias al profesor de Tierra de Cantores y con un acordeón más completo, Yoann avanzó en el manejo del instrumento. “Poco a poco me fui sacando una escala que me él enseñó para independizar las dos manos, ese es el proceso más difícil para el acordeonero y es lo básico para poder tocar bien vallenato”.

Tras lograr esta parte, dejó las clases y continuó practicando con videos por internet. Fue así como llegó al técnico de acordeones Juan Carlos Arango, más conocido como El Alemán quien, tras revisar el acordeón de Yoann y darle el visto bueno, le recomendó la academia Bogotá Vallenata de Iván Rincón.

“Después aprendí a tocar una canción que se llama Relicario de besos de Rafael Orozco que es muy bonita, me permitió soltar más las manos y ya cogí más seguridad. Como estaba afiebrado con el acordeón compré otro porque me llegó un poquito de dinero y lo mandé a arreglar donde Juan Carlos y ahí me hice conocer un poquito de la gente”.

Se refiere al video que subió El Alemán a su canal de Youtube donde se ve a Montebrun tocando el instrumento y explicando cuáles fueron las modificaciones y mejoras que le hicieron a su acordeón. La comunidad vallenata que sigue al técnico se sorprendió al ver a un francés interesado por nuestro folclor y le escribieron haciéndole llegar varios mensajes de diferentes partes de Latinoamérica.

Un compañero tolimense

Fue precisamente gracias al reconocimiento que obtuvo con esos videos que conoció a quien se convertiría en su alma gemela del acordeón. Isaac es un joven tolimense de 17 años afiebrado por el vallenato. Conocía también a Iván Rincón y asistió a un conversatorio que el profesor ofreció en su academia junto con Eibar Gutiérrez; Yoann también estaba invitado.

“Mi profe -Rincón- me llamó en tarima y dijo ‘oye, Eibar, tengo un amigo francés que le gusta el vallenato y nos va a tocar algo’. Entonces pasé, me puse rojo de la emoción y empecé a tocar. Fue bien bonito porque tenía a Eibar a mi lado, lo conocía ya por sus videos de Youtube, y aprecio mucho su trabajo de rescatar el folclor tradicional y que haya estado compartiendo ese día con nosotros, los muchachos que aprendemos”.

Isaac entonces reconoció al francés que había aparecido en los videos de Juan Carlos El Alemán y decidió acercársele. Le preguntó de dónde le había nacido ese amor por el vallenato y hablaron del sentimiento que ambos tienen por el acordeón, ese rasgo en común fue lo que los unió.

“El vallenato es una comunidad grande pero pequeña a la vez. Uno cuando aprende a tocar el instrumento se siente un poco aislado y busca una mano amiga, un hermano. Yo le había pedido a Dios que por favor me mandara un compañero y me mandó a Isaac”, afirma Montebrun.

Desde entonces este par de amigos y compañeros se reúnen en la casa de Yoann no solo a practicar acordeón sino también a estudiar este género musical que los apasiona,  sus raíces, el folclor, el vallenato raizal, moderno, de Poncho Zuleta, de Jorge Oñate, de Diomedes, etc. El francés vallenato acomodó la sala de su casa con sofás, televisor y computador para tener su espacio de ensayo y aprendizaje. “Es sencillo y cómodo para tocar”, resalta.


El grupo vallenato

Yoann está ya acostumbrado a salir siempre con su acordeón y a interpretarlo por ahí en cualquier parte de la ciudad. Un día, estaba tocando cerca de la Zona T y por la ventana se asomó a escucharlo Uber. El hombre de tez morena, oriundo de Barranquilla le hizo un gesto, indicándole que lo esperara y salió a su encuentro. Ahí surgió otro vínculo vallenato.

Uber lleva 20 años trabajando como vigilante en los almacenes de Le Collezioni, pero además de eso, tiene un talento oculto, o al menos por el que no se ha dado a reconocer: es cantante y compositor de música vallenata. El día en que se conoció con Yoann, armonizó con su voz las notas del acordeón de fuelle tricolor y sellaron, por medio de la música, un nuevo lazo de amistad.

La situación económica para Montebrun, desde que llegó a Colombia, ha mejorado. Al principio cursaba las clases de su maestría en la Pedagógica y de igual forma dictaba clases en 2 o 3 instituciones educativas . “Trabajaba en la universidad CUN, en la EAN y en la Nacional entonces no tenía mucho tiempo para practicar en esa época, pero ahora, gracias a Dios estoy sólo en la EAN porque quiero dedicarle más tiempo a mi esposa, a mi instrumento, al hogar, a mí mismo. Creo que la música es un proyecto muy lindo y mi trabajo por el momento me permite con una sola universidad y realizando traducciones vivir esta pasión que tengo por el vallenato”.


Es aquí donde coinciden varios talentos que se están fusionando en un proyecto musical. “Con Isaac, los dos somos acordeoneros y nos turnamos caja y guacharaca. Andrea, mi esposa, toca el piano y vamos a juntarnos con Uber y hacer un grupo vallenato con piano, acordeón, caja, guacharaca, bajo y guitarra”. Al escuchar a Yoann comprendo el papel que tendrá el piano; hablamos del clásico vallenato Obsesión, de Sergio Amaris, a modo de ejemplo: el instrumento que toca Andrea le dará a la interpretación un toque sublime y elevará la música de este grupo a un nivel más de presentación. La idea además es grabar las canciones que Uber compone y darlas a conocer.

Cada integrante de este grupo tiene su empleo y aun así logran acomodar sus tiempos para reunirse a practicar en la casa de Yoann. El francés vallenato exalta la importancia del valor de la amistad tejida a través de este género, una amistad profunda que va más allá de la música y que les permite reunirse a pesar de sus ocupaciones. 

“Me parece valioso poder tener este tiempo juntos porque Bogotá es una ciudad que absorbe, aquí todo el mundo se mata trabajando. Yo entendí que es bueno trabajar mucho pero tampoco tanto, tengo lo suficiente para vivir, gracias a Dios, aunque hay algunos meses duros, el bienestar a nivel de amistad, de familia y musical, es lo más importante. Si no hay para la súper pizza ni nada pues no importa, aquí comemos arroz con pollo”.

Este es el francés vallenato, un hombre enamorado de nuestro folclor y del acordeón. Una persona europea de origen humilde, sencilla y descomplicada en su forma de ser. Destaca que el objetivo del grupo no es ganar dinero y que le gustaría más tocar en fundaciones de niños, como lo hizo alguna vez con su amigo Eibar Gutiérrez. El día que lo conocí me dijo “yo estoy montando en Instagram el francés vallenato”. Si quieren lo pueden seguir en esta red social: @el_frances_vallenato.


Andrea, pianista del grupo, junto a Yoann, su esposo e Isaac.

Uber, cantante de grupo y Yoann